Hará un par de meses coca-cola lanzó un spot intentando tocar la fibra sensible a su audiencia.
La reacción no se hizo esperar y más de uno dejó escapar una lagrimilla. Nunca he sido fan de este anuncio y ahora vereis por qué.
Este otro anuncio busca exactamente lo mismo; despertar el lado emocional para generar un acercamiento a la marca. La historia del banco puede ser verídica, argumentada, en tres lineas te sitúa en una acción determinada, te da antecedentes y te contextualiza la acción. Cocacola junta de manera artificial a un anciano con una recien nacida, sin relación aparente ni entre ellos ni con la marca (ya, la chispa de la vida), dando un discurso que parece sacado de la biblia del marketing que no se sostiene por ningún lado, anodino, lleno de coletillas manidas, colmando el spot con una fiesta. Comparad el final con el anuncio del banco, con una sencillez aplastante acaba con dos frases cortas, como si fuese una reflexión budista para alcanzar el zen.
Hay que promocionar una revista de lujo entre los habitantes de una próspera zona de la capital. Ellos son ricos y refinados, pero no lo suficiente para Carlos & Camila! La acción planteada usaba unos dobles para legitimar la revista como objeto de lujo. La interacción reforzaba la sensación de “ser importante”, ya que ellos se habían molestado en llevar esa revista que les había llegado por error a su buzón. ¡Cómo está correos, Fabián!.
Cosechas de vinos exclusivas, poco conocidas. Tesoros que sin un laborioso trabajo de investigación permanecerían ocultos. Un club de vinos que ofrece todo eso a un target entre 35-60 años, fiel y con poder adquisitivo tenía que transmitir que cada botella que recomendaba era una aventura a través de la península en busca de los caldos más sugerentes. Indy se quedó en el tintero como prota de una campaña que podría haber transmitido la pasión por descubrir un vino.
Sin duda uno de los factores de la publicidad es actuar en el momento adecuado. Y esta ocasión se dejó escapar. Cuando surgió el